Algunos han olvidado rápidamente la situación de los acuíferos de la llanura manchega en 2009. Han olvidado no solo ese año sino los que iban del 1998 a esa fecha en el periodo más seco de la historia reciente. Han olvidado la combustión de turbas, la carrera por profundizar los pozos para poder llegar al agua escondida en el subsuelo. Han bastado tres años agradecidos de lluvia arropando a un 2012 escaso, un periodo ya de por sí extraordinario como para creer que no tendrá nuevo capítulo en el nuevo año hídrico, para volver a las andadas de una demanda de agua que, me temo, a tenor de la noticia que aparece en La Tribuna de Ciudad Real, tendrá el respaldo administrativo. Y es que ni aprenden ni quieren.
Y es que esto me recuerda a una escena mil veces vivida, la de ese padre inicialmente resistente que al final sucumbe al hijo llorón y caprichoso que suelta de corrido ese "¡yoquieroyoquieroyoquiero...!:
-¡Dáselo, a ver si se calla de una puñetera vez!
Porque esto y no otra cosa es lo que parece, con un padre (la administración con cara de Confederación Hidrológica del Guadiana) y un hijo pedigüeño y tostón (los regantes), donde apenas importa que el acuífero no se haya recuperado porque el llorón sabe que ahora hay más agua que antes y que el padre es un flojo incapaz de mantener el criterio; donde no importa que la sostenibilidad sea una asignatura todavía pendiente, porque el nene plañidero quiere a toda costa su juguete incapaz de pensar en los demás; donde no importa saber los antecedentes de otras concesiones paternas de décadas bautizadas con el vergonzante nombre de "daimielización" porque la criatura sollozante sigue su tabarra agotadora para salirse con la suya.
Pues bien, el padre en cuestión está ahí para actuar con criterio, establecer límites, actuar con sentido y no malcriar al rorro y el churumbel en cuestión ha de madurar de una vez, dejarse de mirar el ombligo y pensar que el mundo no gira en torno a él. Los padres (CHG) y los chiquetes (Comunidades de regantes) tienen responsabilidades sociales que pasan no por pedir mucho sino por hacer un uso responsable y eficiente de lo que conceden unos y reciben otros, pero como siempre por estas tierras andamos más pendientes de la cantidad que de la eficiencia.
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