¿Cuántas de las pintadas que ensucian Daimiel tienen acaso una pizca de gusto, originalidad o talento que pudiera salvarlas del olvido? Fuera de unos pocos autorizados lo cierto es que nuestra ciudad se ve tachonada de pintadas o graffitis realmente prescindibles y que solo ensucian, afean y deterioran el paisaje urbano. Y si ya casi siempre reinaba la banalidad y la estupidez últimamente han regresado pintadas de mucho peor valor que, además, ofrecen una imagen de Daimiel a quienes las lean que no creo que se corresponda con la realidad de la mayoría de gentes de por aquí.
Hoy mismo, que he estado por Manzanares, donde también aparece esto que algunos quisieron llamar arte callejero pero que se quedó en solo esa última parte del término, sin embargo me ha parecido ver menos en número que las que proliferan por aquí y que, en algún caso, tienen años de existencia. O Almagro, donde es casi imposible encontrarlas en su centro urbano.
El otro día, leyendo la revista mensual "Las Tablas de Daimiel", en esa sección de preguntas que esperarían respuestas, formulaban la siguiente:
"¿Por qué no se eliminan las numerosas pintadas que hay diseminadas por la población, sobre todo aquellas de marcado carácter racista."
y que aparece como pie de foto de una de esas pintadas que llevan ya varios meses allí, ofendiendo la dignidad de los insultados y la vista y sensibilidad social de los que pasamos por la zona.
Y yo preguntaría:
¿A quienes corresponde hacerlo?, ¿a los dueños cuando son espacios privados y al ayuntamiento cuando se producen en espacios públicos? Y si es así, como parece lógico, ¿qué herramientas legales tiene el ayuntamiento para obligar a que esos propietarios no dejen eternizar las pintadas?, ¿qué capacidad le otorga la ley para hacer que desaparezcan y mantener un aspecto urbano digno, aseado, limpio de estas manifestaciones deplorables cuando van tan huérfanas de sentido estético y moral?
Realmente no sé que se puede hacer desde la política local pero sí que puede apreciarse que muchas de las que ya aparecían en el Google Street View, tomadas hace dos o tres años, siguen ahí sin que nadie lo remedie y mientras continúan añadiéndose nuevas de ellas, incluidas las que contienen mensajes xenófobos o proclamas de valores políticos trasnochados, y que van ganando fachada y exposición pública sin que nadie parezca hacer nada.
Un Daimiel graffiti de aspecto sucio, dejado, cochambroso, al que se añaden las cacas de perro, la cartelería sobre fachadas de comercios o mobiliario público o la mala costumbre de seguir tirando envoltorios de todo tipo lejos del alcance de papeleras y contenedores, por solo mencionar algunas de las cosas que degradan nuestro espacio público.
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