Wednesday, November 20, 2013

EL DAIMIEL DE AYER NO ES HOY (Página nº 2225)


Yo nací en un Daimiel sin rotondas, de parques de arena y calles, muchas de ellas, de tierra. En un Daimiel donde el Guadiana renacía en los Ojos y era río hasta llegar a Las Tablas. Un pueblo rodeado de huertas irrigadas por ese canal alimentado por los Pozos. Un pueblo de eras y albercas, de bicicletas y casas bajas y encaladas. Un pueblo en el que había aún más carros que coches y se subía en tartana a la estación. Un pueblo que olía a vendimia, a pan de horno, a aceite y churros, a fragua, a Semana Santa . Que sonaba a sirena de la cooperativa, a toque de campana de iglesia, a ruedas de carro y a voces de arriero. Un pueblo de chiquillería en las calles, de barrida de portales con cubo de agua derramada, de puertas casi siempre abiertas, de tiendas de barrio y lecheros madrugadores repartiendo casa a casa. Un pueblo con la guada refrescando el calor rotundo del verano. Un pueblo de fuentes públicas para abastecer de agua al vecindario, de cuevas y pozos en cada vivienda, de siestas y quehaceres. Un pueblo de pequeñas bodegas caseras, de tinaja y reposo. Un pueblo de lutos y misas, de estrenos en los Domingos de Ramos, de cines y carteleras presidiendo la plaza. Un pueblo de tabernas más que de bares, de pensiones que no de hoteles, de casas señoriales y patios de vecinos. Un pueblo salpicado de lagunas. Un pueblo con vocación de pueblo, sencillo, homogéneo, casi indistinguible de otros pueblos manchegos.

Ha cambiado mucho Daimiel. En estos poco más de cincuenta años el paisaje urbano ha cambiado casi por completo, apenas salvando los edificios más emblemáticos. Ha dejado de ser pueblo rural para aspirar a parecer más ciudad, y en el camino se ha ido dejando cosas como sumando otras más, a veces con acierto y a veces con errores. Es lo que tiene el progreso, se desprende de cosas, a veces valiosas, e incorpora otras, también de valor.

Recuerdo bien aquel Daimiel de mi infancia pero vivo en este otro, subido al siglo XXI. Y el tiempo traza esa memoria sentimental que nos hace adaptarnos a cada novedad sin desprendernos del recuerdo de lo que ya no nos queda.

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