Aunque sea un recule parcial, solo para este año, de nuevo Wert ha tenido que envainársela con lo de las becas Erasmus al pretender quitarlas ya, con el curso iniciado y después de contar los alumnos instalados en cada país con esa pequeña ayuda. Y no es que se lo hayan reprochado los partidos de la oposición, que sería lo normal, es que hasta desde Nuevas generaciones del PP le han levantado la voz y hasta la Comisión Europea se ha manifestado en contra de lo que quería hacer con los becarios de Erasmus con el curso iniciado y con carácter retroactivo.
Y aunque a Wert le gusta meterse en esos jardines y parece estar en su salsa en esas circunstancias se ha visto obligado a rectificar dolorido por las collejas de los jóvenes del partido en el Gobierno y por las collejas venidas de Europa.
Y claro, el nuevo episodio reculador ha dado lugar a un sonetillo satírico:
Un país donde las medias jornadas laborales duran 7 u 8 horas.
Un país donde el salario mínimo interprofesional ni siquiera el sueldo máximo que cobran algunos trabajadores.
Un país donde se hacen reformas laborales para que aumente el número de parados.
Un país donde conviene aligerar el currículum de títulos si quieres trabajar.
Un país donde la economía sumergida goza de prestigio social.
Un país donde se suben los impuestos para estimular la economía.
Un país donde existe el mayor porcentaje de parados que no trabajarían incluso existiendo una oferta laboral muy superior a la demanda.
Un país que concibe que se vive para trabajar y no al contrario.
Un país donde el mérito tiene menos valor que otras variables.
Un país que dice que es positivo que los licenciados universitarios,los científicos y los ingenieros tengan que marcharse a buscar trabajo al extranjero porque aquí no tienen ninguna oportunidad.
Un país donde se dan las prejubilaciones con mayor ligereza que en ningún otro sitio.
Un país donde los créditos siempre van a los mismos y para lo mismo mientras va desapareciendo la clase media y cierran cientos de miles de pequeñas empresas.
Un país donde los pobres comienzan a ser más pobres y ser más en número también cada día que pasa.
Un país que gasta cada vez más en aparentar democracia para ser cada vez una democracia más pobre.
Totem, disculpa que lance aquí otro tema, me gustaría saber tu opinión, como docente con solera y experiencia, sobre aquellas personas, algunos docentes, que van con el color verde por bandera (camisetas, mitines, paseos, perfil de facebook y whatsapp..) y luego escolarizan a sus hijos en colegios concertados o privados. Aterrizando en la localidad en Divina Pastora podemos encontrar varios casos."
No quisiera esquivar el tema y por eso dejo aquí, a riesgo de repetirme, mi opinión:
En primer lugar defiendo, por encima de todo, la libertad de cada cual para elegir entre las opciones de que disponga y por tanto respeto las razones o motivos que tenga cada uno para esa elección.
En segundo lugar sí que me parece chocante que docentes de la pública escolaricen a sus hijos en centros concertados o privados, aunque de nuevo digan que están en su perfecto derecho. Eso no quita que tal cosa pueda resultar incongruente o discordante al común de la gente y que, incluso, algunos lo utilicen como un gesto de la supremacía de los centros no públicos sobre estos, dado que el caso inverso no suele producirse.
En tercer lugar sí que me parece más relevante que quienes defienden la escuela pública, la de todos, desde una tribuna explícita como es la camiseta verde, los perfiles de facebook, twitter o whatsapp, las concentraciones, huelgas o manifestaciones, luego lleven a sus hijos a los centros concertados o privados, aunque de nuevo insista en que respeto esa decisión e incluso conozco algunos casos en los que las circunstancias muy particulares terminaron por decantar esa decisión. En otras, ya lo digo, no lo entiendo tanto.
Yo soy maestro de la pública, defiendo la escuela pública y mi hija estudió siempre y lo hace aún en centros públicos. Aquí en Daimiel no creo que los centros públicos sean peores o mejores que el centro concertado por el simple hecho de ser públicos unos y concertados otros. Y aunque no hay espacio para desarrollarlo tengo muchas razones para creer que, incluso si no fuera docente de la pública, me decantaría por este tipo de centros siempre. Y si los conozco como los conozco siendo maestro en una decena de ellos los valoro tanto como para ser un incondicional de la enseñanza pública.
Espero haberte contestado con claridad, precisión y sin extenderme demasiado.
Posiblemente la huelga no va a cambiar nada. Incluso lo piensan muchos de los docentes que conozco y que dicen que les decide a no secundarla. Yo, por supuesto, respeto su criterio pero les pregunto, más bien les pido, que me cuenten qué alternativas reales hay, al margen de la huelga, para protestar por la situación de la educación en estos momentos, para hacer saber el malestar que la mayoría de los que conozco, incluidos simpatizantes del PP, tienen por lo que está ocurriendo. Y saben, aún no he escuchado ni una sola idea alternativa para hacerlo, nadie que ofrezca otra forma clara de mostrar el descontento público por los recortes en educación que, recuerden, no afecta solo al colectivo docente sino que afecta a muchos alumnos y familias ahora y en el futuro.
Yo no pido explicaciones a quienes no van a la huelga pero, en muchas ocasiones, les escucho formular motivos y que quieren, no termino de comprenderlos todos. Hay quienes dicen que no van a hacerle el juego a los sindicatos pero, incluso siendo muy desafecto a esos sindicatos, como lo soy yo, ¿quienes sino ellos tienen capacidad de convocar una huelga a nivel de todo el país? Espero respuestas.
Otros hablan de la inutilidad de las huelgas quejándose del poco seguimiento pero realmente no quieren darse cuenta que su actitud, precisamente, cuando están en desacuerdo con los recortes pero no respaldan la huelga, son los que determinan ese poco seguimiento.
Hay quienes hablan del dinero y no dudo de que en algunas personas, por sus obligaciones de hipotecas y otros gastos, perder ese dinero puede ser decisivo para no ir, pero creo que son los menos y que el resto puede sacrificarlo en aras de una mejora en sus condiciones laborales y la situación de la educación, que merece hacer un esfuerzo.
Ante las huelgas he visto de todo, los convencidos de no secundarlas, los dudosos que no se atreven, los cabreados solo de cara a la galería, los que utilizan subterfugios para parecer más radicales que el resto con la intención de justificar que no van, los que dicen claramente que no se lo pueden permitir, los que ni sienten ni padecen, los que siempre tenían una consulta con un médico en Madrid cada vez que se convocaba una huelga en el colegio para parecer que iba de huelga sin que le quitasen haberes, los que siempre están en primera fila de pancarta, los que nunca asoman pero siempre recogen el fruto de lo que consiguen los huelguistas cuando consiguen algo.
Yo hoy voy de huelga, por eso puedo estar escribiendo en estos momentos en el blog, porque creo que es la única manera de que se visualice el malestar de la comunidad escolar ante los recortes desproporcionados que sí perjudican a la calidad de la educación, incluso aunque salga un presidente sin escrúpulos atribuyéndose como mayoría silenciosa favorable a sus políticas a los que no han querido secundarla por aquello del que calla otorga. Motivos hay más que suficientes para ir de huelga, al menos para mí.
A veces basta una frase o dos para desnudar al político de turno y saber de qué pasta democrática está hecha. Y en este caso basta leer las últimas declaraciones de Montserrat Gomendio, secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, para entender el talante de la susodicha, su concepto democrático y la profunda molestia que les causa el derecho legal de la comunidad docente a manifestarse contra una ley que nunca va a ser buena por el mero hecho de sustituir a una mala, que se ha realizado sin consenso, sin escuchar, sin entender y sin conocer y que no va a servir de nada, otro espantamoscas innecesario que no arreglará el problema de la educación.
Sus frase, entre otras, es que los docentes van a la huelga porque tienen un puesto de trabajo asegurado mientras que los padres y madres se están enfrentando a tasas de desempleo y dificultades económicas muy grandes. Es decir, que los docentes, para ella, son unos insolidarios y aprovechados y poco menos que culpables de la situación del país. Pero además de discutir ese derecho a la huelga atribuyendo tener las espaldas cubiertas, e ignorando que la huelga no solo la convocan docentes sino asociaciones de padres, sindicatos de estudiantes y movimientos de renovación pedagógica, pretende enfrentar a la sociedad contra los enseñantes diciendo que solo persiguen subirse los sueldos, trabajar menos y bajar las ratios, pretendiendo mostrar al colectivo como egoístas y peseteros. Y además niega que les importe la LOMCE, que solo es una excusa para sus demandas económicas. Y todo esto desde un puesto político de un ministerio que ha venido diciendo que trabaja por aumentar la dignidad y el prestigio social de los docentes.
Puede que algún incauto la crea por aquello que funcionario y docente, en la misma frase, debe representar lo peor de lo peor para algunos, pero los padres con hijos en edad estudiantil deberían reconocer que ahora hay menos recursos en los centros, tanto materiales como humanos, que hay alumnos que antes recibían refuerzo y ahora ya no les llega, que ahora pagan más en libros, que han perdido ayudas al transporte, o comedores escolares, que les han subido las tasas universitarias y han menguado en número las becas, que les han cerrado escuelas rurales poniendo en la carretera a miles de niños de tres años en adelante, que se les involucra a los centros en sus guerras partidistas, que se les prepara una ley exclusiva y no inclusiva, que se les dice que eliminan ciudadanía por su componente ideológico y se vuelcan con la religión cuyo componente ideológico está fuera de toda duda, que les cuelan su apuesta por la segregación de sexos reivindicada desde un claro perfil, que ahoga a la escuela pública pero abre la puerta a aumentar los medios y fondos a los concertados vendiendo la mentira de que cuestan menos aunque sean en sí mismos un negocio, y que además no resuelve el problema de la formación del profesorado cuando se dice que es una ley de mejora de la educación y eso pasa por tener profesores mejor preparados.
En definitiva han metido ellos el componente económico que no afecta a las economías pudientes pero que va a expulsar a los estudiantes de las economías precarias cuando el sistema debiera equilibrar y no discriminar. Y de eso no tienen la culpa esos docentes egoístas, insolidarios y peseteros que nos pretenden vender sino las políticas educativas caprichosas, sin consenso, desnortadas, que se vienen haciendo en nuestro país desde muchas décadas y de la que la LOMCE es un capítulo más.
La LOMCE es la enésima ley educativa mala, pero ésta, además, no es inclusiva sino exclusiva. No es de extrañar que pese al rodillo de la mayoría absoluta el resto de partidos abomine de ella como muchos sectores de los docentes, los padres y los alumnos. Pero no es momento ahora, a cuatro días de una huelga educativa, y después de haber tratado con amplitud algunos puntos, de extenderme más. Habrá tiempo. El de ahora lo dejo para el humor de estas coplillas de ciego wertianas:
Una ley educativa que no nace ni del consenso político ni del trabajo y participación de los docentes y que, a cambio, es aprobada con el rechazo de todos los partidos de la oposición y la desafección de la comunidad educativa es una ley muerta, impuesta pero repudiada por los sectores que han de padecerla.
Es la historia de las leyes educativas en este país, hechas de espaldas a la comunidad educativa, cargadas de intención política y necesariamente inútiles, o peor, lesivas para la propia educación que ha de estrenar la enésima torpeza de cada gobierno de turno.
No se engañen, la ley es correctora de ciertos errores y acentuadora de otros, pero un fruto político que ha excluido todo debate real en el mundo académico y educativo para quedarse en el pim-pam-pum parlamentario. Y no es fruto de un intento serio de mejorar sino de una acción de ahorro económico, control ideológico e imposiciones de mayoría absoluta.
Y como ha nacido muerta y hasta la oposición la ha anunciado como "la ley más breve de la democracia" por el compromiso tácito de liquidarla en cuanto deje de gobernar el PP, aunque sobreviviera otra legislatura su lenta implantación ya avanza un nuevo capítulo, una nueva ley que, me temo, padecerá de los mismos males que ésta: falta de consenso, falta de participación real en su elaboración de los diversos sectores educativos y planteamiento ideológico que arrime el ascua a la sardina del gobierno del momento. Un presunto muerto más para este cementerio que es la legislación educativa en España, quizás hoy más un "wertedero".
Cuando uno entra en el Portal de Educación de la página institucional de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha puede encontrarse esto:
Incluso admitiendo que Marcial Marín sea el Consejero de Cultura y Deportes resulta que estamos en el Portal de Educación, donde todo el contenido existente es sobre temas educativos, y además de lo irrelevante de la noticia no tiene ningún sentido vincular los toros con la educación por mucho que ya pretendan hacerlos pasar por cultura. Si esta noticia apareciera en el apartado de Cultura, que no aparece, hasta podría entenderse, pero aquí no pinta absolutamente nada.
Pero no para ahí la cosa porque las cinco noticias de cabecera del portal educativo de la Junta, incluida la de la asistencia a los toros, empiezan de la misma manera: Marín..., y dejo las capturas para que se vea y se aprecie, además, que solo una de ellas es claramente educativa:
Alabando los presupuestos
En el circuito "educativo" de motos.
Opinando sobre el plan de empleo juvenil
Y por fin hablando de educación
Está claro por qué a los políticos les encantan las televisiones públicas, las radios públicas, las webs públicas... y es que sobre todo les gusta ese culto a la imagen y un proselitismo informativo que parezca que solo son importantes ellos.
La verdad es que, pese al incremento en número de las ayudas municipales para la compra de libros o material escolar a las familias y otras iniciativas que a nivel de los propios centros o ampas, e incluso particulares, a día de hoy todavía tenemos familias que no han podido hacer frente al gasto que supone el inicio del curso escolar y sus chavales carecen de libros a estas alturas de octubre. y aunque son los menos también es verdad que son, en número, más que nunca.
Por eso la iniciativa de la Asociación de Amas de Casa y Usuarios "Calatrava" de Daimiel de destinar una ayuda de La Caixa a intentar ayudar en esta cuestión, a través de quienes conocen mejor la situación de algunas de estas familias, me parece digna de elogio porque anteponen un problema existente en nuestra sociedad daimieleña a la posibilidad de generar actividades para la propia asociación y Daimiel necesita, justamente, de ese pensamiento general que destine energías a, si no solucionar, al menos a colaborar para que esos problemas en muchas familias puedan hacerlos menos agobiantes.
Sinceramente, mi felicitación por la iniciativa a "Calatrava", a la Caixa y a quienes han trabajado y están trabajando para que se haga efectiva. Habrá muchas prioridades y esta puede ser una de ellas. La solidaridad y la generosidad siempre son muy bien recibidas. Y si además resulta un éxito, lo que deseamos, quizá tenga nuevas ediciones en años próximos hasta que la economía permita corregir la situación.
Cospedal, como en Murcia Varcárcel, se han comprometido a que en cinco años todos los centros educativos de sus comunidades tendrán enseñanza bilingüe. ¡Por cojones!. Pero nos estamos equivocando, como nos hemos equivocado tantas veces antes, y casi siempre por lo mismo, por querer imponer banderas electorales que quedan muy bien en su enunciado pero que chocan con la terca realidad y es que las cosas no pueden imponerse desde arriba, por gentes que desconocen la realidad educativa y quieren acortar pasos para ser los primeros que lo consiguen.
Y puede que dentro de cuatro o cinco años todos los centros educativos de Castilla-La Mancha sean, en el papel, bilingües, pero me temo que solo ahí, porque las decisiones tienen poco acompañamiento presupuestario, recurren al voluntarismo nuevamente y no acometen medidas aún más necesarias que esas para lograr que los chavales sean, realmente, bilingües, que no es otra cosa que tener la capacidad de desenvolverse, indistintamente y con similar soltura, en castellano e inglés.
Escribí hace tiempo aquí, y luego lo he podido escuchar de personas vinculadas a la enseñanza de la lengua inglesa, que la mejor forma de aprender un idioma pasa por enfrentarte a él, por resolver situaciones en las que se haga necesario aprenderlo, y por tanto nada mejor que la inmersión. En ese punto el centro bilingüe toma sentido cuando el punto de partida es que quienes realizan esa labor docente dominen expresamente el inglés y esa no es la situación, ni de lejos, en nuestra comunidad autónoma tiene y que no va a cambiar demasiado porque los propios docentes no se encuentran en la situación real de enfrentarse también a ese idioma. Por eso es necesario paciencia, formación, inversión e inmersión real, porque las cosas tienen su ritmo, que no lo puede marcar el político de turno; requiere de una formación que no arreglan capacitaciones ad-hoc; empeña recursos suficientes que ahora no se dan y no trabaja en inmersiones reales como podría ser la eliminación de doblajes en televisiones y cines para que, como sucede en la mayor parte de los países, todos tengamos que hacer el verdadero esfuerzo de enfrentarnos a una lengua que, de otra manera, nos suena alejada y evitable. Muchos docentes en activo sufrieron una deficiente formación en idiomas, una buena parte estudiaron francés durante su vida formativa, y eso, inevitablemente, ha de ser tomado en cuenta en vez de asumir una ceguera interesada.
Hoy es casi imprescindible manejar, con soltura, ambas lenguas. Pero nos equivocamos si se piensa que basta fomentar el bilingüismo imponiendo una obligación que se sustenta en unos cimientos débiles, solo por prisas en querer ser pioneros y colgarse la medalla. Es demostrable que muchos centros ordinarios, en la Evaluación de Diagnóstico que se realiza en 4º de Ed. Primaria y 2º de E.S.O. dan mejores resultados en las competencias lingüisticas de inglés que centros con sección bilingüe, porque no basta la etiqueta, es algo más, y si los docentes no van a dominar su asignatura adecuadamente para impartirla en inglés, como lo harían en castellano, el riesgo de fracaso y abandono aumentará y la sensación de enésimo fracaso reinará en el ambiente educativo provocando más daño que el que se buscaba solucionar.
Las prisas nunca fueron buenas. Las prisas políticas, con sus plazos impuestos y su espalda a la realidad, aún resultan peores. Y estamos en el camino de equivocarnos reiteradamente.
Es increíble cómo los políticos se apropian de las cifras dándole la interpretación que les conviene. Pasó con la cadena independentista catalana donde los populares hablaron de mayoría silenciosa para embolsarse a favor el resto de lo que no se unieron a esa cadena como lo han hecho, ellos y otros, cada vez que hay una huelga general o sectorial importante. Corren a atribuirse la cantidad de los que no la han secundado sin más argumento que "quienes no van a la huelga apoyan las políticas que hacemos", lo cual es una mentira gigantesca. Bastaría que convocasen manifestaciones a favor o cadenas contra el independentismo para comprobar que siendo mayor o menor el número de los que acudieran quedaría un grandísimo número de personas que no acudirían ni a la una ni a la otra, simplemente porque existe mucha gente que teniendo su opinión al respecto sobre cada cuestión casi nunca acuden a convocatoria alguna y son pasto de la apropiación indebida de unos y otros.
El otro día hubo una manifestación en Palma de Mallorca contra el Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL) y, de paso, contra la política educativa balear. Se barajaron cifras entre los 100.000 y 70.000 manifestantes, según qué fuentes, y una diputada balear del PP, haciendo uso de un concepto cuando menos peculiar de las matemáticas, soltó lo siguiente:
"80.000 manifestantes contra TIL. Población total Mallorca 869.067 hab. ¿De qué mayoría están hablando? Si no llegan al 10%!!!!!!!"
Claro, es otra de las que piensan que el 90% de los habitantes de Mallorca están a muerte con el TIL porque no salen a manifestarse. O de las que creen que cuando se consiguen un millón y medio de firmas para la Iniciativa Legislativa Popular contra los desahucios el resto hasta cuarenta y siete millones de españoles no la respaldan. Sin embargo no aplican la misma matemática para creer que si consiguen casi 11 millones de votos hay 36 millones de españoles que no les respaldan. Y claro, unas y otras consideraciones son falsas pero acogen con entusiasmo las que les conviene y rechazan pensar sobre las que no les son favorables.
Los políticos siempre manipulan las cantidades. Siempre. Cada uno para servir a sus intereses. Pero 80.000 personas manifestándose en Mallorca, tengan o no razón en sus posturas, son una cantidad considerable y significativa, y creo que si el gobierno balear convocase una marcha a favor del TIL no superaría esas cifras por mucho que se apropien de la opinión de esos 750.000 que no salieron a la calle, y esto lo digo para cualquier caso, en cualquier comunidad y con cualquier convocante.
Como habrán leído no entro en valorar asuntos como el TIL, o la independencia catalana o los desahucios. Escribo solamente de cantidades y la manipulación política que se hace de ellas, del uso perverso y cretino que se hace de ellas, en ese empeño de tomarnos por tontos a los ciudadanos. ***
La LOMCE de Wert aspira, se dice, a estimular la competencia entre los centros, con esa idea empresarial que gusta de rankings, cuotas de mercado y productividad. y que solo se les puede ocurrir a personas con escaso currículo docente, elemental conocimiento de dicha docencia y poca sensibilidad hacia la educación. Los colegios no son fábricas y nunca lo serán porque la realidad es otra y los chavales no son pegotes informes a los que tallar y son sensibles a muchas circunstancias. Además ese concepto ni sirve cuando las localidades tienen un solo centro educativo, que es el caso más frecuente en el medio rural.
Pero es que además no se han planteado comprender qué lleva a las familias a elegir un centro sobre los demás, cuando se da esa circunstancia, y ese sería el primer paso antes de colocarnos ese modelo competitivo entre colegios. Y yo, por experiencia, aquí en Daimiel, ya digo que el factor principal es la proximidad del domicilio al centro el aspecto principal, y después la vinculación de los padres o la familia con el colegio pues son muchos los que quieren que el colegio de sus hijos sea el mismo en el que estuvieron ellos. Si me apuran hay más factores disuasorios, muchas veces subjetivos y basados en cierto prejuicio, que elementos que atraigan especialmente.
Por otro lado cada centro tiene particularidades y condicionamientos que dificultan esa idea de competencia directa entre colegios, una competencia que además no existe actualmente y que sería casi impuesta a partir de esa idea errónea que contiene la nueva ley. Cada centro educativo tiene su carácter, su situación, sus instalaciones, su plantilla y sus medios, su tipología, su ubicación, su realidad social, y carece de autonomía necesaria, en la mayor parte de los casos, para entrar en esa dinámica competitiva con los colegios compañeros, y la ley tampoco esboza herramientas eficientes para aumentar esa autonomía salvo dos ramalazos que, curiosamente, ponen más énfasis en, justo lo contrario.
¿Imaginan que metidos en esa dinámica competitiva los centros pudieran seleccionar sus plantillas, elegir el alumnado libremente estableciendo los criterios que estimasen oportunos, alquilar sus instalaciones para obtener más recursos económicos o insertar publicidad en sus edificios? Puede que entre empresas estas prácticas sean las habituales pero no entre colegios públicos que no han de competir entre ellos sino que han de dar respuesta educativa a su realidad, optimizar los recursos disponibles y lograr los mejores resultados posibles compitiendo, en todo caso, y no me gusta el término competir, consigo mismos. Yo creo que ese es el camino exigible, mejorar cada colegio en función de todas las variables que influyen, con autoexigencia y compromiso, pero sin esta referencia a otros centros porque no jugamos ninguna liga y el objetivo no es ser los mejores sino ser realmente buenos en nuestra tarea educativa, ser competentes mucho mejor que ser competitivos.
El Consejero de Educación gusta de dar titulares rimbombantes y lo ha vuelto a hacer: "Tras garantizar la sostenibilidad del sistema educativo, el próximo curso estará enfocado a la excelencia."
¡Toma ya!, ¡Tantos años de penuria educativa, de fracaso escolar y en dos años de recortes ya estamos por la excelencia!
Pero la excelencia no es una proclama, la excelencia es mucho más, y también cifras: cifras de presupuesto, cifras de inversión, cifras de profesorado, cifras de ratios, cifras de resultados académicos, cifras de abandono escolar, cifras de absentismo... y ninguna de esas cifras hablan de excelencia.
Les pasa eso, pasan de sentirse salvadores del sistema educativo ¿? a, de inmediato, aventurar la excelencia porque incrementan los centros bilingües, crean un bachiller de excelencia en un centro educativo y poco más.
Y no esperan a las cifras, venden la moto que desconocen, especialmente el consejero y esperan hacer creer al personal que ellos son el revulsivo, que sus políticas son la piedra filosofal de la educación y que en nada estaremos capitaneando la educación en España.
Antes las pamemas te las contaba el PSOE, ahora te las narra el PP. Pero a la educación en Castilla-La Mancha le falta un mundo que no se soluciona con titulares ni, me temo, con quienes los protagonizan.
Acumulo cientos de fotos de los colegios por donde he pasado. Escruto los rostros que hay en ellas intentando poner nombre a cada uno de ellos y no siempre lo consigo. Pero soy capaz de recordar gestos, situaciones, anécdotas, asociados a esos cursos, momentos que me vinculan a ese tiempo que he compartido con ellos y que sobreviven al paso de los años.
Curiosamente no tengo fotos de mi primer grupo en Anchuras, chicos y chicas de 6º, 7º y 8º de E.G.B. pero recuerdo sus caras y nombres sin ninguna dificultad, a pesar de que a algunos de ellos no los he vuelto a ver hace un cuarto de siglo, no sé si por que eran sólo 14 alumnos o por la intensidad de aquel primer año laboral que representó el curso 1986-87.
Pero sin duda lo que llevo peor es no recordar alguna cara o nombre de alumnos que he tenido en Daimiel, a pesar de que sean más de un millar, porque a muchos de ellos los he seguido viendo, tratando, y sin embargo siempre descubro algún rostro del que casi no podría decir nada, ni siquiera el nombre, como si no tuviera nada que ver conmigo, lo que después de un año o dos de convivir me parece impropio. Pero es así, aunque casos aislados, a veces me sorprendo con esa situación que me molesta.
En algún caso, incluso, con motivo de las matriculaciones, alguna persona me ha recordado que yo le di clase, y no me ha quedado otra que disculparme por no poder recordarla a pesar de que podía situar su clase a través de compañeros de los que sí lograba localizar. No ser recordado no deja de ser una situación incómoda hacia quien sí te recuerda.
La foto que ilustra esta entrada es de hace 21 años, el curso 91-92 en el colegio daimieleño "Albuera". El grupo era de alumnos de 6º A, dado que excepcionalmente ese curso funcionó un 6ºB. Entonces trabajé como especialista de Educación Física dando clase desde 1º a 8º pero también Ciencias Naturales a los dos sextos por lo que a este grupo les daba 5 horas semanales y eso ayuda a fijar mucho mejor los nombres. Y además, el regusto de haber pasado con ellos un año del que guardo muy gratos recuerdos.
Tras veintiún años vuelvo a mirar la foto y ahora ya los veo mayores, algunos con sus hijos, sus parejas, sus vidas más o menos organizadas. Es curiosa esta perspectiva cuando contemplas a aquellos chicos y chicas de cuyo porvenir ignorabas casi todo y ahora puedes saber que ha ido siendo de ellos en este transcurrir del tiempo. Mirar atrás tiene estas cosas, esa perspectiva que te permite regresar sobre la memoria pero también comprobar como hemos ido cambiando. Y devolvernos unos segundos a nosotros mismos para recrearnos en aquellos días, en sus anécdotas, con aquella clase que tenía por tutora a doña Basi y, temporalmente, a doña Milagros, aquella joven interina que la sustituyó unas semanas por una baja con escayola incluida, y a la que, casualidades del destino, le tocó la lotería navideña porque compró una participación en El Foro. ¡Qué vueltas que da la vida!
La Universidad debería estar abierta a la mayoría de ciudadanos que quieran formarse en ella. De hecho ese es su espíritu. Pero no nos engañemos, uno no siempre puede estudiar dónde y lo que desea, bien por la nota mínima exigida, lo que tiene su lógica, bien por la carencia de recursos para lograrlo. Y en ese ámbito existen las becas, claro, cuando éstas se dan en el número y cantidad que consigan evitar esa situación de renuncia por la carencia de dinero para afrontar algo que es costoso, muy costoso, no sólo por la matrícula o las tasas sino porque, en la mayoría de casos, requiere de recursos que exceden los costes académicos directos y que suponen un esfuerzo económico que no está al alcance de muchas familias.
Hoy, en el pleno municipal se debatía una moción para crear un fondo de ayuda a los daimieleños cuya situación económica pudiera impedirles al abandono. No creo que sean demasiados, si como se ha dicho, solo trescientos treinta y tantos casos se han dado en el último curso académico y no todos por esa circunstancia, y convendremos en que los de nuestra ciudad será un número residual en esa cantidad, pero el Equipo de Gobierno se ha declarado "insolvente", alegando falta de recursos económicos y falta de competencia.
Incluso María Dolores ha desplegado todo el argumentario oficial del partido, con algunas cuestiones acertadas y otras más que discutibles, incluida la referencia wertiana a que quizá los alumnos del cinco no han elegido bien la carrera acorde a sus posibilidades o ese peligroso argumento de relacionar el elevado número de jóvenes con estudios universitarios y el alto porcentaje de paro juvenil español, facilón pero injusto, porque relaciona ambas cosas olvidando que son otros los factores que determinan que gente con buena formación no sean valorados como tales por las empresas cuya prioridad, en muchos casos, es una mano de obra ultrabarata.
Pero lo cierto es que los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos perfectamente que los estudiantes parten de situaciones diferentes, que hay alumnos de 5 o de 6 que están desplegando toda su capacidad, digna de encomio, y que no por ello pueden ser unos profesionales excelentes porque suman a una capacidad no excepcional el contrapunto de un esfuerzo, dedicación y trabajo superlativos, y eso es algo que jamás entenderán los baremos de becas. Y si no somos capaces de comprender que no todos tienen el mismo punto de partida desde el nivel intelectual pero también económico corremos el riesgo de desperdiciar a gente muy valiosa que no ha gozado de la oportunidad de un status económico suficiente.
La Universidad siempre debiera ser inclusiva. Determinadas medidas parecen conducirnos, a medio y largo plazo, hacia un concepto exclusivo de Universidad que es preocupante, y donde hasta llegar a dar a entender que hay demasiada gente, como si eso fuera un engorro y un problema. Pero lo cierto es que acceder a unos estudios universitaria tiene mucho de carrera de obstáculos, obstáculos académicos que han tenido que superar todos los que finalmente acceden, tantos como para que no les coloquemos obstáculos adicionales no académicos y que no corresponden a la capacidad y mérito de los estudiantes sino a otras circunstancias como el poder adquisitivo familiar o la política más generosa o más restrictiva de becas, entre otras. O la falta de generosidad de un ayuntamiento que también recibe los impuestos de esas familias que, en casos contados, podrían no poder pagar los estudios de sus hijos y han de conformarse con renunciar a ellos, lo que termina por ser un gran fracaso colectivo cuando así ocurre.
Ser el ministro peor valorado de la historia de la democracia tiene su mérito. Eso no se consigue si no es a base de tesón, reiteración, empeño y esfuerzo. Vale que siendo ministro ya partes del suspenso en España y que en la actualidad todos los políticos andan por debajo del 5 pero llegar a un 1'7 batiendo todos los records no está al alcance de alguien que, para la opinión pública general, era un desconocido hace dos años a pesar de su recorrido por las tertulias televisivas.
No, lo de José Ignacio Wert ha sido el fruto de su propio trabajo y de sus declaraciones, puro mérito de su aspereza, su clasismo, su desprecio, su prepotencia y su falta de tacto. Y de sus obras.
Ahora sale con la historia de que si hay alumnos que no consiguen beca porque no alcancen el 6'5 debería cuestionarse estudiar otra cosa. O no hacerlo, claro. Igual que si no tienes dinero para pagar las tasas, deberá pensar, quizá debería dedicarse a otras cosas que estudiar. De nuevo una historia de ricos y pobres, como aquellas que se oían en los años setenta y ochenta de hijos de pudientes que terminaban sacándose la carrera después de ocho, diez o doce años, porque, total, aquellos sí podían pagárselo. Y es que Wert ha sido élite económica, nunca se tuvo que preocupar, aparte de su capacidad intelectual, de menudencias como becas o tasas universitarias, y le cuesta entender el mérito de los demás cuando van desnudos de espaldas cubiertas económicamente.
Ya digo, sigue labrando su mérito con la solvencia intelectual puesta al servicio de declaraciones que encrespan al personal, que no entienden qué han visto a ese ministro para ofrecerle el cargo que ostenta y que saca una ley de mejora de la calidad que sólo mejorará la calidad de unos pocos, de nuevo élite, como en sus tiempos pilaristas, que me lo imagino pensando del resto, como aquel personaje de "El chavo del Ocho": ¡Chusma, chusma!.
Por cierto, circula por ahí una imagen que se da por real de las notas de Mariano Rajoy cuando hacía 4º en los Jesuitas de León:
A las personas se les deben oportunidades. La oportunidad de aprender y formarse no debe ser elitista ni debe torpedearse por la administración. Endurecer las becas deja gente fuera, reducirlas también, aunque podamos admitir que se revisen criterios, pero subir las tasas universitarias, impedir que por razones económicas y no intelectuales o de resultados académicos haya gente que pueda seguir estudiando es absolutamente despreciable e inadmisible, y esto se lo debemos al ministro del 1'7, el peor ministro de la democracia en toda su historia, alguien que con esos resultados debería plantearse si no debiera dedicarse a otra cosa porque, para esto, parece no estar preparado, según su propio concepto. Pero, ¡ah, claro!, si no ha llegado ahí por mérito sino por dedo, no ha debido pasar más prueba que la de caerle en gracia al presidente del Gobierno, y entonces todo queda entendido.
El programa "Abriendo caminos" llegará a Daimiel. No sé si por motu propio del IES "Juan D'Opazo" o por imposición administrativa, pues según leo se acogieron trece centros públicos y veintitrés privados nada más y la Consejería ha impuesto a otros sesenta y un centros pese a la negativa de sus claustros.
No voy a entrar en el tema porque ya lo hice pero de daimiel.es destaco esta frase:
"Entre ellos, que el alumno que se sume a 'Abriendo Caminos' contará con medio punto extra en sus exámenes de recuperación, siempre y cuando obtenga un informe favorable, matizaba Martín de Almagro."
Como puede verse han llegado las rebajas a la educación. Medio punto extra para quienes se apunten y tras el informe positivo de, se supone, quienes darán las clases. Medio punto de gracia sin mayor intención que lograr el respaldo a la iniciativa tirando de lo único que no debiera entrar en discusión porque aquellos que aprueben las recuperaciones por el medio punto de gracia, o aquellos que por no asistir suspendan por n tener ese medio punto, estarán falsificando la realidad, las estadísticas y el sentido común.
Podrían haber buscado otros incentivos pero han caído en lo fácil, como ya hicieron con el tema de Formación en el Aula para los maestros sin trabajo.
Cuando uno necesita protestar contra los recortes que se están produciendo en educación uno puede elegir distintos aunque pocos caminos:
Puede ir a las manifestaciones que se convocan.
Puede encerrarse en el colegio.
Puede realizar una campaña informativa entre la comunidad escolar.
Puede secundar las huelgas convocadas.
Puede limitarse a cumplir estrictamente con su horario laboral y declinar su participación en aquellas actividades complementarias o extracurriculares que se le propongan.
Cualquiera de ellas es legítima para defender unas condiciones laborales y la situación de la enseñanza, y cada persona, de entre las convencidas de que hay que hacer algo, se decide por una, varias o todas de las existentes.
La mayoría de ellas tiene una escasa o nula incidencias entre los alumnos. No así la última, que en ocasiones es la escogida para hacer ver el malestar de los docentes y que entienden que los recortes, puestos a llegar, tienen que afectar a estos aspectos. Y esto ha sido debatido, seguramente, en muchos centros, decidiendo unos colegios adoptar esas medidas y otros renunciar a esta medida. Y, de cualquier modo, la decisión habrá sido meditada. Y por eso yo no voy a discutir si deben o no hacerlo aunque yo, en esa diatriba, he decidido seguir participando de este tipo de actividades, esa parte que siempre es voluntarista, opcional y fuera de las obligaciones laborales predeterminadas.
Entiendo a muchos compañeros que creen que los efectos de los recortes deben ser sentidos por todos, que la gente debe entender que no deben quedar al margen ni reducir a los docentes la lucha por unas condiciones que afectan a toda la comunidad escolar. Y eso implica sacrificios que dan por buenos por una causa justa.