Ser el ministro peor valorado de la historia de la democracia tiene su mérito. Eso no se consigue si no es a base de tesón, reiteración, empeño y esfuerzo. Vale que siendo ministro ya partes del suspenso en España y que en la actualidad todos los políticos andan por debajo del 5 pero llegar a un 1'7 batiendo todos los records no está al alcance de alguien que, para la opinión pública general, era un desconocido hace dos años a pesar de su recorrido por las tertulias televisivas.
No, lo de José Ignacio Wert ha sido el fruto de su propio trabajo y de sus declaraciones, puro mérito de su aspereza, su clasismo, su desprecio, su prepotencia y su falta de tacto. Y de sus obras.
Ahora sale con la historia de que si hay alumnos que no consiguen beca porque no alcancen el 6'5 debería cuestionarse estudiar otra cosa. O no hacerlo, claro. Igual que si no tienes dinero para pagar las tasas, deberá pensar, quizá debería dedicarse a otras cosas que estudiar. De nuevo una historia de ricos y pobres, como aquellas que se oían en los años setenta y ochenta de hijos de pudientes que terminaban sacándose la carrera después de ocho, diez o doce años, porque, total, aquellos sí podían pagárselo. Y es que Wert ha sido élite económica, nunca se tuvo que preocupar, aparte de su capacidad intelectual, de menudencias como becas o tasas universitarias, y le cuesta entender el mérito de los demás cuando van desnudos de espaldas cubiertas económicamente.
Ya digo, sigue labrando su mérito con la solvencia intelectual puesta al servicio de declaraciones que encrespan al personal, que no entienden qué han visto a ese ministro para ofrecerle el cargo que ostenta y que saca una ley de mejora de la calidad que sólo mejorará la calidad de unos pocos, de nuevo élite, como en sus tiempos pilaristas, que me lo imagino pensando del resto, como aquel personaje de "El chavo del Ocho": ¡Chusma, chusma!.
Por cierto, circula por ahí una imagen que se da por real de las notas de Mariano Rajoy cuando hacía 4º en los Jesuitas de León:
A las personas se les deben oportunidades. La oportunidad de aprender y formarse no debe ser elitista ni debe torpedearse por la administración. Endurecer las becas deja gente fuera, reducirlas también, aunque podamos admitir que se revisen criterios, pero subir las tasas universitarias, impedir que por razones económicas y no intelectuales o de resultados académicos haya gente que pueda seguir estudiando es absolutamente despreciable e inadmisible, y esto se lo debemos al ministro del 1'7, el peor ministro de la democracia en toda su historia, alguien que con esos resultados debería plantearse si no debiera dedicarse a otra cosa porque, para esto, parece no estar preparado, según su propio concepto. Pero, ¡ah, claro!, si no ha llegado ahí por mérito sino por dedo, no ha debido pasar más prueba que la de caerle en gracia al presidente del Gobierno, y entonces todo queda entendido.
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