Después de veintisiete años de docencia uno guarda pequeñas espinitas, la mayoría atribuibles a la inexperiencia o la impericia, algunas a factores externos. Pero hay una a la que no sabría atribuir paternidad ni responsable y hoy, cuando algunos de esos alumnos han acudido a regalarme una poesía como forma de invitación y recuerdo para la graduación que celebran hoy mismo, lo hemos recordado quizá con pena, como una oportunidad perdida.
No sé definir por qué cuando llegué a esa clase, hace un par de años, no encontré sintonía, ese "feeling" que general encuentro con cierta facilidad y que me hace conectar con mis alumnos ya desde las primeras clases. Ni mi actitud era diferente a otros años ni el grupo de clase, por sí mismo, tenía características diferentes a otros grupos con los que he trabajado. Es más, creo que era un grupo estupendo. Pero sea lo que fuere desde el principio noté esa distancia, ese rechazo, especialmente del grupo de las chicas, y he de admitir que estaba perplejo.
Por eso es inicio de la poesía que antes de regalarme han leído para mí me ha traído cierta tristeza, y creo que se entenderá sin transcribo esa primera estrofa:
Es cierto que intenté estrategias, que ya el último trimestre fue bastante distinto aunque siempre percibía una brecha, en lo que supongo influía que yo no era el tutor y serlo siempre es un plus a favor del que ahora carecía. Aquel grupo, tomados uno por uno, era, de verdad, gente estupenda, alegra, que trabajaba bien, que aprendían, y cuyo comportamiento general no merecía otra cosa que halagos. ¿Y entonces? Ya digo, no terminamos de congeniar hasta la última parte del curso y para mí, y creo que también para ellos, ha quedado como una espinita que ahora ha salido al despedirnos y que recuerdo con cierto pesar porque ha sido la única vez que lo he sentido así.
Pero esta tarde noche estaré con ellos, en esta graduación que marca su estancia final en el colegio y que en los últimos días les ha llenado de lágrimas, tan sentimentales como son, mientras preparaban los textos de sus despedidas y empezaban a echarnos de menos. Y estaré allí, pensando que la vida nos irá dando oportunidades de encuentro en otros ámbitos, deseándoles lo mejor para el futuro, agarrándome a los recuerdos de lo mucho y bueno que también compartimos y que en los últimos meses aventuraron que, de haber seguido un año más, todo hubiera cambiado.
Es curioso, hoy también me despido del grupo actual después de dos años, otro grupo de alumnos sensacional que, esta vez sí, supimos encontrar esa sintonía casi desde el principio. Incluso ayer se acercaron algunos a casa, a traerme un portafotos hecho por ellos mismos, que siempre agradeceré. No son peores ni mejores que aquellos, de ahí mi tristeza e incomprensión por lo sucedido, pero a veces las cosas transcurren así aunque siempre prevalecerá el recuerdo de lo mejor de todos ellos y también, espero, que ellos puedan quedarse, preferentemente, con lo mejor de tuvieron de mí.
*

0 comments:
Post a Comment