La Junta de Castilla-La Mancha pagó la gratuidad de los materiales curriculares con carácter universal en los niveles obligatorios. No importaba que unas familias ganasen 300 euros o 300.000, porque todos tenían derecho a recibirlos simplemente por estar matriculados en los centros educativos.
Después se acabó el dinero y los actuales gobernantes decidieron estirar el uso de los libros hasta el infinito y más allá, pero sin poner ni un céntimo. Los textos o contenidos, claro, aguantan bien el paso del tiempo pero los soportes físicos después de cuatro y cinco usos resisten malamente y, desde luego, algunos ejemplares presentan un estado tan lamentable que no parecen resistir otro curso más.
Sin embargo el programa de reutilización ideado por la Consejería el año pasado y prorrogado durante este próximo curso no ofrece ni siquiera reponer aquellos lotes que ya no podrán usarse debido a su estado. Como mucho ofrece un sistema de peticiones on-line, con baremación previa, para asignar una serie de lotes sobrantes, si es que los hay, y plantea la compra de esos materiales en quienes, por dicha aplicación del baremo, pudiera quedarse sin acceso a esos libros. A estos, claro, les tocará comprarlos.
El problema es que las editoriales ni tan siquiera garantiza que esos nuevos libros, seis años después, estén disponibles para su venta pues ellos suelen concederle una vida útil que se corresponde con la vida legal, cuatro años, y por lo tanto ahora será bastante complicado acceder a alguno de los textos o directamente no habrá existencias.
Luego contará también la oscilación de número de alumnos de un año a otro, dado que los libros existentes que se adquirieron fue a través de vales y por el número concreto de alumnos de ese año. Es decir, si había 23 alumnos en 3º se compraron 23 lotes. Si al siguiente año en 3º había veinte niños podían sobrar lotes pero si había 26 ya sería imposible darles un lote con las existencias habidas, y cuando esto se repite dos o tres años y se suman los libros desechados por su estado pues parece claro que las familias que se quedan fuera va en aumento y tendrán que comprarlo por ellos mismos y sin gratuidad. O las repeticiones de curso de alumnos que también afectarán a la distribución y la intención de cubrir las necesidades.
Si unimos todos estos elementos no es difícil entender que estos programas de reutilización, sin opción de reposición va a crear algunos problemas importantes y a los que la Junta no da respuesta.
En definitiva, mientras aquellos gastaban si control ni matiz, con libros gratuitos bajo préstamo anual para todos, estos prolongan la vida útil de los libros si atender a acciones correctivas para garantizar asa gratuidad mientras se extiende la prórroga. Aquí siempre pasando de un extremo a otro sin término medio, incapaces de introducir el sentido común y tener los suficientes reflejos ante la realidad que se produce, y aunque le llamen Programa de reutilización en definitiva se trata de darse un año más de tregua desde el cargo político y esperar la prestidigitación de los centros para lograr que cada alumno pueda tener un lote que llevarse a las manos.
Y mientras los libros, algunos de ellos, ya no resisten la mínima revisión, rotos, despegadas las pastas, arrugados y manchados y tan lastimosos que ni sirven para estimular a los propios alumnos. Y no es que esté yo contra la gratuidad de estos materiales sino que no se puede estirar este asunto sin garantizar para todos lo que fueron libros inicialmente pagados para todos ellos y que mientras no cambien las cosas, debería hacerse lo necesario, como financiar las reposiciones, para salvaguardar la idea con que se concibió en origen. Y si luego hay que cambiar de estrategias con los nuevos libros de textos que lleguen a ponerse pues que se haga pero no este desastre después del desastre.
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