En realidad más porque once horas fue lo que tardó en recorrer el Parterre la procesión de la Virgen de las Cruces, y todo ello sin que la mayoría de los presentes siguiendo el recorrido se percatasen de tal duración. Pero a los que incluso nos dimos cuenta, muy pocos, tampoco es que se nos hiciese pesado, al contrario, el reloj parecía correr a velocidad de vértigo ante nuestros sorprendidos ojos.
A estas alturas seguramente quien lea esto creerá que estoy disparatando, aunque tengo testigos de que tal cosa es cierta. Claro, si nos atenemos al reloj que hay en la torre de Santa María la Mayor, pues si cuando empezó el repiqueteo de campanas por la proximidad de la procesión marcaba las 17, 05 minutos cuando terminó de atravesar el Parterre ese mismo reloj marcaba las 04'15 minutos de la madrugada.
No sé qué sucederá con este reloj, en la cara que da a dicho Parterre, si ese girar alocado se produce de forma constante o sólo cuando las campanas comienzan a sonar alborozadas, porque nos dimos cuenta de esa circunstancia, quienes me acompañaban y yo, justo cuando comenzó el repique en el campanario de la iglesia y pasada la procesión no me quedé a comprobar si seguía tal dinámica al cesar el tañido campanero. Lo que sí es cierto es que, al paso de la Virgen de las Cruces, miraba intermitentemente hacia la torre de Santa María para ver el "espolillo" que habían cogido, en ese instante, las agujas horaria y minutera de un reloj que desde hace algún tiempo va del todo a su bola.
*

0 comments:
Post a Comment