Y otra vez de madrugada, sobre las tres de la mañana, en la calle Pósito, donde no hace mucho quemaron varios contenedores. No tengo ni idea de si se ha tratado de un accidente o de un nuevo caso de hijoputismo local aunque, dadas las circunstancias, no es para nada descartable.

Uno comienza a cansarse de estos incidentes, más que nada porque vienen produciéndose con una frecuencia que dudo sea la habitual en cualquier pueblo de las características del nuestro. Y aunque, seguramente, se está investigando, como otros anteriores, la ley parece doblegarse a la impunidad y quienes cometen ese tipo de actos, los demostrados de vandalismo y los que parecen aparentarlo,continúan sin que nada ni nadie parezca disuadirles.
Desgraciadamente esto también es Daimiel, la parte que menos queremos y aún menos queremos, la más carente de sentido común y civismo y que tanto nos perjudica.
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