Lo pongo entre paréntesis porque, en rigor, una tradición debería contar con los suficientes años de celebración para que fuera transmitido de generación en generación, dejando esa reiteración como parte del acervo de un pueblo, y no es eso lo sucedido. Además, recuerdo que ya el uso de este término trajo cierta polémica al blog hace meses por esa suceptibilidad que acompaña al lenguaje de este espacio.
Pero a pesar de ello no me resigno a utilizar la palabra, así coronada de comillas, porque hoy, primer aniversario del debut de la Basement Band, también en el mismo escenario, delante del Olivo Milenario, me ha dado la sensación de asistir a una cita ineludible, hoy y en el futuro, para cada mañana del 14 de diciembre, prólogo de una Nochebuena tan deseada.
Esta "big band" nos ha regalado una decena de temas de esos que hacen que los pies corran a seguir el ritmo de unas melodías familiares y la gente vaya congregándose alrededor, incluso enarbolando los paraguas si finalmente aparece la tímida lluvia. Y pese al vuelo de partituras, el aire desagradable, su entusiasmo y buen hacer ha tenido a la mayoría disfrutando la actuación hasta su fin y hasta participando, cuando se les pedía, en la interpretación vocal de algunos temas.


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