¿No echan de menos a un concejal en los últimos plenos? Y no solo porque se ausentase del último, que en esta legislatura ha habido varias ausencias de concejales, sino porque desde hace un tiempo ni tan siquiera interviene a la hora de formular preguntas o ruegos y su presencia es poco menos que testimonial.
Si ya se han dado cuenta hablo de Pecharromán, el concejal del PSOE que tras un primer año más activo ha quedado amortizado y relegado a ese estar/no estar tan desapercibido que da la sensación de haber desaparecido del panorama político local.
Y que conste que a mí me parece un buen tipo, y que seguramente cuando aceptó ir en un puesto relevante de la lista que encabezaba Cristina Maestre él mismo también pensaba que su papel sería otro, incluso con la posibilidad real de perder, como al final ocurrió.
De todos modos nunca se vio en el un personaje político, carecía de colmillo y desprende demasiada bonhomía para jugar un papel fiscalizador al estilo de su grupo. Era como un inmenso error porque nunca se le ha visto cómodo en esa trinchera política donde ya parece no tener papel. Seguramente porque le buscaron como reclamo y poco más y quizá él mismo se haya arrepentido muchas veces de haber dado el sí.
A su favor, que en las pocas intervenciones que le hemos escuchado su tono carecía de agresividad porque seguramente es persona más fácil a acuerdos que a enfrentamientos, y viendo el ambiente de crispación y tirantez existente cuando tomaba la palabra casi resultaba un bálsamo.
Pecha es, a día de hoy, un concejal desaparecido que lleva meses sin intervenir ni en el pleno ni, creo, en ruedas de prensa. Puede que incluso haya pensado en dejarlo o no haya querido hacerlo tras las varias producidas en su grupo desde las últimas elecciones para no machacar más a éste. Pero de momento sigue ahí aunque muy, muy, difuminado.
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