El discurso del Rey en Nochebuena ya no es lo que era. Pierde audiencia como pierde credibilidad. Simplemente porque no se compadece lo que dice con lo que hace y su llamada a los buenos propósitos es como vocear al eco, solo devuelve palabras sin mayor consecuencia, y aún peor, no logra transmitir convicción ni levantar el ánimo de ciudadanos que ya no están para discursos buenistas porque se saben mil veces engañados.
Oír hablar a estas alturas de que se asume las exigencias de ejemplaridad y transparencia que reclama la sociedad suena tan falso y tan extemporáneo, tan obligado a decir como formalismo al uso pero tan poco sentido, que da grima. Esa exigencia de ejemplaridad forzada por las circunstancias llega tarde porque desde el minuto uno la monarquía, por lo que representaba, ya debía haberlo sido y solo los silencios que han envuelto a la Corona desde esos principios nos han impedido saber que no era oro todo lo que relucía y que bajo el supuesto modelo existían vicios ocultos, comportamientos cuestionables, ausencia total de transparencia que, al conocerse después, han minado todo atisbo de autoridad moral del cabeza de Estado.
Pero es que, además, alrededor de todo esto las instituciones públicas, los partidos políticos, los sindicatos, han dibujado un país repleto de claroscuros, de tramas, de intereses poco confesables, de comportamientos deleznables, y lo han querido resolver socavando los principios fundamentales de la democracia, alterando todas las herramientas correctoras al desnaturalizar la independencia de la justicia, al corromper los sistemas de elección de los órganos reguladores, al poner al servicio de los intereses partidistas los instrumentos que debieran fiscalizarlos para evitar sus abusos. Han convertido la democracia es un ente tumorado, podrido, y aún pone el Rey en la generosidad y el esfuerzo de esos partidos que la han degradado hasta límites extremos la labor de regenerarla, de devolverle la fuerza, salud y fortaleza por ellos minada.
¿De verdad cree el Rey Juan Carlos I que está al frente de un país lleno de ignorantes y de ingenuos como para soltarnos este manojo de buenos deseos, frases grandilocuentes y vanas voluntades que no van a sustanciarse en nada real?, ¿éste es el discurso que se puede esperar de un monarca que ve cómo regresamos al pasado, cómo perdemos derechos, cómo se nos convierte en presuntos delincuentes por expresarnos, por pensar, por discutir las decisiones discutibles de un gobierno cuyo partido sustentante se ve atrapado en contabilidades B?, ¿éste es el discurso que no habla de educación, de sanidad, de protección social, mientras son devorados por los intereses empresariales para comerse ese pastel privatizador que no los va a mejorar?, ¿éste es el discurso en el que deberíamos creer?
Sinceramente, el discurso del Rey ya no es lo que era. Pierde audiencia como pierde credibilidad. Porque todo lo escuchado suena vano, hueco, vacío, huero, sin sustancia, un escupitajo en el océano que no nos llevará a nada mejor porque carece del crédito y la fuerza para servir de revulsivo en un sistema realmente podrido hasta los tuétanos, incapaz de otra cosa que lamerse las heridas.
Enlaces:
Para leerlo:
http://file02.lavanguardia.com/2013/12/24/54397528524-url.pdf
Para escucharlo:
http://www.rtve.es/noticias/20131224/rey-defiende-espana-caben-todos-apela-dialogo-dentro-constitucion-para-superar-diferencias/832581.shtml
Enlaces:
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http://file02.lavanguardia.com/2013/12/24/54397528524-url.pdf
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http://www.rtve.es/noticias/20131224/rey-defiende-espana-caben-todos-apela-dialogo-dentro-constitucion-para-superar-diferencias/832581.shtml

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