(Viñeta de Ramón en "El País", ayer, 17 de septiembre)
Tildar ciertas cosas de cultura y tradición, como si esas etiquetas fueran un aval incuestionable para cualquier cosa, me parece de una simplicidad apabullante. Las tradiciones siempre se han revisado, por eso algunas desaparecieron, otras se modificaron y otras permanecieron, siempre a la luz del progreso. Una tradición puede ser buena o mala porque lo tradicional, per sé, solo significa que es algo de más o menos valor que viene repitiéndose en el tiempo. Las ofrendas humanas fueron tradición de algunas culturas, o el canibalismo, por poner ejemplos extremos pero válidos. En cuanto a la cultura no nos dejemos engañar, el valor más elevado es que la cultura ha de cultivar los valores humanos, y esa prueba del algodón no la pasa. A veces se pone como ejemplo que Goya pintara su serie de tauromaquía o cuadros de esta temática para justificarlo como cultura pero ese mismo Goya pintó su serie "Los desastres de la Guerra" o cuadros sobre ésta como Los fusilamientos del 3 de mayo" y nadie en su sano juicio justificaría la guerra como cultura.
Yo no suelo ser muy beligerante con las corridas de toros. No me gustan ni me agrada que se meta dinero público en ellas, pero lo del Toro de la Vega me parece otra cosa peor y en esto soy más combativo y menos tolerante. Y por ello quiero dejar mi postura expresada a través de un sonetillo antitorturador:
Que al Toro de la Vega, alanceado,
lo tengan por cultura y tradición
parece más insulto a la razón
que algo seriamente meditado,
que asoma el español asilvestrado,
el patrio más salvaje y más cabrón
haciendo de la muerte su pasión,
matándole a traición y de costado,
que así es como disfrutan los mancebos,
por más que se presuma de los "güevos",
pues luego son ya mil contra la res,
que nada de cultura y tradiciones
se pueden exponer como razones,
tortura contra el toro es lo que es.

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