Si te das la vuelta por Daimiel encontrarás diversas pintadas con vivas a Franco, pidiendo la expulsión de inmigrantes o colocando cruces gamadas sobre algunas fachadas. No es que pase solo aquí, por supuesto, pero ocurre aquí también y desde luego algunas permanecen allí desde hace tiempo.
Hoy, además, me he encontrado este cartel, en la zona de San Pedro, con toda esa estética demodé de la cartelería fascista que, no sé por qué, ya ni sorprende porque estamos empezando a ver demasiados alardes de ese tipo:
Pero no sorprendiendo sí que preocupa que los extremismos, cargados de intolerancias y odios, se estén abriendo camino en democracias como las nuestras donde, hasta ahora, apenas tenían presencia ni valor.
El lenguaje, con ese ¡alístate! y esa llamada a reclutar patriotas contra el secesionismo, nos retrotrae a épocas oscuras del pasado, necesariamente corregibles porque esconden intransigencia y violencia y pretenden involucrar a las gentes en conflictos que nunca han de resolverse de esos modos porque nunca pueden tener legitimidad democrática.
Vamos a peor, y aunque la mayoría de gente no es así, estos extremos están tomando demasiado cuerpo en una democracia colapsada por la corrupción, la indignación de unos y la indiferencia del resto, y esto es algo que deberíamos evitar de raíz.
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