Costosas, necesarias pero no imprescindibles, proselitistas y claramente dirigidas. Son el pequeño tesoro propagandístico y manipulador de los gobiernos de cada momento que, pese a darle un buen mordisco presupuestario a las cuentas públicas y no ser en ningún caso rentables económicamente ahí siguen. Puede que lo justifique cierta rentabilidad social, que habría que discutirlo al menos, pero si se mantienen es porque tienen una enorme rentabilidad política. Y eso es evidente cuando, con mayor o menor disimulo, se puede apreciar como vira la línea editorial según quienes gobiernan y el tratamiento, no solo informativo, se pliega a los intereses ideológicos de estos, tanto en lo que se dice como en lo que no se cuenta.
Pero no hablamos ya de informativos porque, en ocasiones, vale cualquier programa o retransmisión para dejarnos estas pinceladas. Y baste un ejemplo reciente. El pasado domingo estaba viendo la retransmisión de la final del Masters Series de Cincinnati entre Nadal e Isner, pero dado que estaba conmigo un familiar aficionado taurino y que la corrida que retransmitía la televisión pública de Castilla-La Mancha era desde Ciudad Real, en los descansos cambiaba de vez en vez a este canal. Casualidad o no pude ver, en esas veces, entrevistas al Delegado de la Junta Antonio Lucas Torres, al Subdelegado del Gobierno Fernando Rodrigo y al Alcalde de Alcázar de San Juan, el también popular Diego Ortega. No sé si habría más entrevistas de ese cariz pero a mí me pareció significativo. Y no porque nunca haya pasado, que posiblemente sucedía igual antes con el gobierno de Bono o Barreda, sino porque sigue pasando. Y no me parece inocente porque una de las tónicas de cualquier medio público, en el ámbito que sea, es bombardearnos con fotos, vídeos, noticias, que protagonizan mayoritariamente los miembros de los gobiernos de turno pero no exclusivamente cuando son verdadero objeto de noticia sino con cualquier excusa.
Conozco Canal Sur, Telemadrid, Televisión Castilla-La Mancha y RTVE y en todas nos cuelan, de forma más o menos descarada, esa intencionalidad política que, repito, parece ser la principal prioridad de los que nos gobiernan en cada momento. La pagamos entre todos pero suelen ser para ellos. Como siempre, como de antiguo.
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