La desconfianza suele ser producto de las circunstancias pero también de la experiencia y eso de tener un ministro de medio ambiente accionista de una empresa gasista de la que fue presidente y ahora lo es su cuñado no será ilegal pero resulta, cuando menos, llamativo. Y más cuando ahora se habla del famoso bunkering, de cómo el propio ministro capitanea la intención de endurecer las sanciones contra este sistema de gasolineras flotantes que aprovisionan a los barcos en el mar y del que ya numerosas noticias dan cuenta de que la propia empresa de la que es accionista Cañete tiene intereses allí alquilando sus instalaciones para esa actividad o almacenando fuel con esa procedencia o destino:
Entiendo que los políticos, antes de llegar a sus cargos, tengan vida profesional en los campos empresariales o profesionales que quieran, al igual que sus familiares, pero eso no va a evitar la desconfianza en ciertos momentos cuando las circunstancias no la evitarán aunque el pretenda abstenerse de participar en esos temas cuando los tratan sus compañeros de gobierno, y la gente tendrá difícil creerse esa profilaxis en un país lleno de escándalos políticos, tráfico de información confidencial, amiguismo, etc...
Además, ya es casualidad, ese empeño del gobierno por el fracking, con el silencio del propio Cañete, en detrimento de las energías renovables, lo que tampoco ayuda mucho a creer en la convicción medioambientalista del propio titular del ministerio.
Esto no es nuevo, por supuesto, y pasa en otros muchos países, pero no por abundancia se hace asumible y normal porque de un ministerio de Medio Ambiente se esperan medidas en su favor y no en su contra, y el cumplimiento de las normativas ya existentes, algo que tampoco parece suceder con el buckering desde que a finales de noviembre pasado se prohibía el fondeo permanente de estos buques y solo este cortinón de humo conveniente para los gobiernos de Gran Bretaña y España lo ha asomado a la luz a través del Peñon.
Por cierto, el fracking ya era noticia ayer en Ciudad Real:
La desconfianza no es siempre un capricho, muchas veces surge con fundamento.
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