Sunday, August 25, 2013

COOPERATIVISMO DAIMIELEÑO: ESPERANZA Y DEPRESIÓN (Página nº 2080)

Hubo un tiempo en que el cooperativismo pareció convertirse en la gran oportunidad rural, una fórmula de éxito que bien aprovechada podía transformarse en el motor de muchos pueblos hasta entonces solo preocupados individualmente de producir y que, de esa manera, iban a tomar un peso en la comercialización de sus propios productos. Pese a la desconfianza inicial las gentes comenzaron a entender que el porvenir venía de la mano del movimiento cooperativista y en Daimiel surgió "la Daimieleña" pero también alguna cooperativa lechera, como señalaba en la última entrada de hemeroteca.

No fue algo puntual, el cooperativismo pronto se impuso en muchas localidades, y la incorporación de instalaciones creó un optimismo quizá desmesurado porque la gestión, amateur, conllevó, en algunos casos, errores importantes y dejó espacio a oportunistas que trataron de rentabilizar individualmente el trabajo de muchos, y así fueron desapareciendo, también, muchas de esas cooperativas constituidas y esfumándose no solo el dinero sino ese futuro que se aventuraba, al inicio, como esperanzador. Y en Daimiel también vivimos esa depresión social hasta el punto de que el concepto cooperativo se volvió maldito, sumido en la desconfianza y el dolor durante años hasta que otras iniciativas, nacidas en la desconfianza, parecieron ir cambiando la percepción.

Nadie ha querido meter mano a la verdadera historia del fracaso de "La Daimieleña" y la herida ha sobrevivido a la desolación de sus instalaciones y la desaparición final. Los que saben callan, otros han desaparecido, pero hay pocos acontecimientos que hayan marcado tanto en Daimiel, posiblemente como lo hiciera en otras muchas localidades que conocieron tragedias similares.

Veo esta foto que ha colgado Vicente García-Madrid, vecino de barrio en mi infancia, siempre frente a la Cooperativa. Aquella puerta que ya no franqueaba a las instalaciones por cerradas y que en la parte superior rezaba "Unos por otros y Dios por todos". ¡Qué ironía!, solo Dios no tuvo que ver con los que unos y otros malhicieron, por acción u omisión, para cargarse el símbolo del progreso daimieleño tras la postguerra y enterrar las esperanzas y el esfuerzo de quienes la pusieron en pie lanzándonos a una cierta depresión común. Todos pagaron pero nadie, realmente, pagó por lo hecho, y ya queda no más que unos bloques de viviendas y un solar que quizá nunca llegue a ser el teatro-auditorio pensado para construirse allí. Y esta foto quedará como documento para la historia de la infamia local, esa que tanto nos duele:



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