Para algunos, claro, sobre todos si son los máximos responsables de ella. Políticos, grandes especuladores y banqueros son los menos afectados por una situación en la que han tenido mucho que ver por su indolencia, falta de control, obsesión por ganar dinero y pocos escrúpulos.
¡Ahí me las den todas!, deben pensar cuando apenas les ha rozado esta catástrofe económica. Los políticos siguen todos ahí, los especuladores siguen a lo suyo para rentabilizar las desgracias de muchos y los banqueros explotan los fondos de ayuda a la banca y su recapitulación tirando de barra libre, cobrando cada vez más comisiones y elevando sus sueldos como si lo merecieran.
Mientras tanto la crisis ha tenido sus verdaderas víctimas en el resto del personal. Ya no son solo los recortes, la eliminación de servicios, los copagos, las externalizaciones de servicios, etc..., es la destrucción de empleo, la precariedad en los nuevos contratos, los abusos laborales con la excusa de la crisis, la imposibilidad de hacer frente a las obligaciones con la hipoteca, las situaciones de emergencia social y el regreso al pasado aprovechando la coyuntura.
Las verdaderas víctimas son el 90% de los ciudadanos que no pueden entender qué han hecho ellos para llegar a esa situación y mucho menos que quienes sí han tenido que ver en primera persona por no legislar adecuadamente, por no dejar que los órganos de control hicieran su trabajo, por no perseguir las prácticas vergonzosas de los bancos y cajas, por dejar que estas últimas cayeran en las pérfidas manos de los políticos, por dar vía libre a una especulación desmedida y criminal, por comprar y vender productos tóxicos sabiendo la mierda de la que se trataba...
Las crisis, ciertamente, son una desgracia para los países pero no para ciertos grupos. ¿Es lógico que los causantes sean los ganadores de esta crisis? Es inconcebible si hablásemos de justicia real pero este mundo global es una puñetera mafia donde las responsabilidades siempre quedan para que los paguen los mindundis, que somos la inmensa mayoría. Y lo somos, entre otras cosas, porque no hacemos nada ante tamaña injusticia.
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