Partiendo de la base de que cualquier cargo electo está ahí porque los ciudadanos, con sus votos, lo han hecho posible, cabría considerar que existe una obligación moral pero lógica también de que estos cargos electos deban explicar a esa ciudadanía cuanto hacen o deciden. Si gestionan, deciden, recaudan, gastan, a partir de la decisión de los ciudadanos al votar parece impepinable que expliquen a esos mismos ciudadanos su gestión, sus decisiones, cómo se recaudan ingresos y cómo se gastan también. Y sin embargo no suele ser así.
Vale cualquier ámbito porque los ciudadanos votamos en todos ellos, tanto a los parlamentarios europeos como a los diputados y senadores nacionales o los representantes en el parlamento regional o, del mismo modo, a alcaldes y concejales, y sin embargo asistimos al espectáculo del hombre-plasma, a la no admisión de preguntas en las comparecencias de ministros, a demasiados silencios y escasas explicaciones. Todo muy distinto a cuando buscan el voto electoral, donde multiplican su presencia, sus intervenciones, sus sonrisas, sus besos a niños, sus promesas, y asumen el papel de voceros tanto en cualquier tribuna como a pie de calle. Y sin embargo ese caudal comunicativo, una vez logrado el objetivo, se reduce a la mínima expresión alcanzado el poder, justo cuando más necesario es que expliquen las cosas que hacen a los ciudadanos con la misma o mayor intensidad y frecuencia que lo hacen en campaña.
¿Y en el ámbito municipal? Pues lo mismo, porque se suceden las noticias sobre decisiones del ayuntamiento que no se compadecen con una información amplia, clara y necesaria, y eso da lugar a que se fomente la especulación, se infiltren las medias verdades y se cree un clima de desconfianza. A veces es tan sencillo, y necesario, como explicar las cosas, y en el fondo una obligación real la de participar a todos el cómo y el porqué de las decisiones que nos afectan y hasta preocuparse por saber cómo se aceptan dichas explicaciones.
En Daimiel, en concreto, la sensación es que sólo nos cuentan la parte que les conviene, como en anteriores legislaturas. La sensación de que faltan demasiadas explicaciones, de que no están interesados en dar demasiada información fuera de la que pueda beneficiarlos electoralmente, como en anteriores legislaturas. Olvidando cuál es una de sus obligaciones tras ser votados.
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