El otro día poco menos que me acompañaron, desde la calle Fontecha a la calle Dehesa. Tres. A ratos me seguían y a ratos me precedían, entretenidos en olisquear esquinas, marcarlas con su orín y supervisar contenedores. En ese trayecto vi algún frenazo de vehículo al cruzarse los animales y el susto, cuando no temo, de algunas personas al ver como se les acercaban, aunque no mostraban ninguna agresividad. Desde entonces los he vuelto a ver, el mismo grupo, por distintas calles de Daimiel.
En tanto, el tema de la perrera ha estado en tres plenos municipales consecutivos a través de las preguntas de los grupos municipales, demasiado tiempo para resolver lo que allí pase, y que no es sólo las condiciones de los animales que se encuentran recogidos en ese recinto sino la recogida de todos aquellos que deambulan, sin dueño ni control, por las calles de la ciudad.
Ya es bastante que algunos perros tengan dueños irresponsables como para aceptar que aquellos canes que carecen de ellos anden sueltos y sin control por las vías públicas. Y creo que no resolviendo claramente la segunda cuestión la primera seguirá produciéndose.
Y no, los perros sin dueño no deben deambular libremente por las calles, y eso se tiene que resolver lo antes posible.
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