Cierto es que presentar una Iniciativa Legislativa Popular avalada por quinientas mil, un millón o un millón y medio de firmas no significa que haya que aprobarse tal como viene. Incluso que haya de tomarse en cuenta. Todo depende, claro, de la propia ILP pero, también, de los grupos políticos que han contemplarla, decidir si la tramitan, introducir los cambios que teóricamente la mejoren si llega el caso y, al final, la aprueben o desestimen, y entonces basta mirar el recorrido de las diferentes ILPs presentadas a lo largo de nuestra democracia para aseverar que los partidos políticos son muy celosos de su poder, menosprecian el papel que puedan jugar los ciudadanos y despachan estas iniciativas populares con bastante desprecio.
Puede que la ILP sobre el tema de los desahucios haya conseguido saltar esa barrera inicial porque trata de un tema trascendental, de máxima gravedad y actualidad, porque va respaldada por más firmas que nunca y porque han conseguido la atención mediática como para forzar un cambio de postura del partido gobernante para su trámite cuando parecía que nuevamente jugarían al desprecio más absoluto.
Pero no nos engañemos, aquello fue una trápala para quedar bien y ya se sabía que en el trámite parlamentario el papel del grupo mayoritario iba a ser desnaturalizarla, modificarla hasta hacerla irreconocible, tirar del rodillo y sacar una ley que no firmarían el millón casi y medio de los que respaldaron esa ILP con su firma.
Desde el punto de vista formal no cabe reproche pero desde el punto de vista democrático el PP ha dado una patada en el culo a algo menos de un millón y medio de ciudadanos y demostrado que la partitocracia no admite participación real, desprecia a los ciudadanos y se pliega a otros intereses que no son los de la gente de la calle.
Hay democracias de muchas clases. ¿Queremos ésta? Yo, desde luego, tengo un concepto bastante diferente de lo que tiene que ser una democracia real, esa democracia fetén que tanto defiendo y que se parece tan poco a ésta que, cada día, da prueba de ir a peor.
Pero no hay que satanizar al PP porque la mayoría de ILPs siempre han sucumbido a las mayorías de cada momento sin mucho más argumento que el celo político por no ceder espacio a los ciudadanos.

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